A quién no le ha pasado que cuando habla para solicitar el saldo de su tarjeta de crédito o de su cuenta de cheques hay una grabación con una opción para asegurarse con el Banco.
No son los únicos. Cuando uno compra un auto a crédito o mediante el sistema Leasing, lo obligan a tomar un seguro de cualquiera de dos o tres opciones de aseguradoras con las que tienen arreglos.
También sucede cuando se pide un crédito hipotecario o un crédito de los llamados Pymes (los cuales por cierto lo asaltan a uno además de clavarle un Seguro).
También hay una aseguradora (El Águila) que presume de no tener agentes y de no cobrar “x” cosas que otras si cobran. (Qué bien fomentan el empleo). Por eso hay tanto “NINI”
Esto ya es una pachanga pero lo grabe son cosas como las siguientes:
1. Están dejando o queriendo dejar sin trabajo a los agentes de seguros.
2. Están vendiendo productos para los que no están autorizadas esas empresas.
3. A veces, hacen cargos por este concepto sin que los clientes se den cuenta. Si no reclaman, ya se amolaron. ¡Qué honestos!
4. Convierten el seguro, ya sea de vida, gastos médicos o daños en un producto indiferenciado, como si fuera tan sencillo tomar la decisión de compra de un seguro.
Y luego sucede que cuando se da el evento, el asegurado descubre que su seguro no era el adecuado, que no tiene agentes que lo defiendan, que la compañía no es seria o que tiene que pagar deducibles y co-aseguros desconocidos.
También puede descubrir que no tiene coberturas que suponía tener y que incluso pudieran haber sido la razón para tomar el seguro.
Todo lo anterior opera en contra de un producto-servicio que es de primera necesidad y que en México quienes no se ven forzados u obligados a tomarlo, generalmente no lo toman.
Luego se sorprenden de que el acceso a un hospital como esos tan famosos de los muebleros, concluya en el desfalco familiar, además de que el paciente muchas veces sale infectado por virus o bacterias nosocómicas (que ni son tan cómicas) de las que ahora se oye hablar tan frecuentemente, que muchas veces conducen al panteón y que ni siquiera dan lugar a quitas, descuentos o cancelaciones de la cuenta del hospital.
Qué problemas tenemos en México cuando requerimos servicios médicos. Entre los angelitos hospitalarios, el Seguro Social y la dizque maravilla del Seguro Popular ni a cual irle.
Nos encontramos entre la voracidad de quienes antes vendían muebles, la burocracia del Seguro Social (o del ISSSTE) o el populismo rampante del Seguro Popular, que tanto sirve al Gobierno para pararse el cuello con spots cuyo costo debería destinarse a mejorar los servicios en la realidad tanto de hospitales de derechohabientes como de hospitales gratuitos.
Pero el tema no era ese, solo que es inevitable.
Una sola pregunta: ¿Qué la comisión Bancaria y la Comisión de Seguros no pueden poner orden en este choteo, manoseo y destrucción en el mundo de los Seguros?
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